sábado, 27 de abril de 2013

Una noche cualquiera.


Subido a la silla de mi habitación, asomado a la ventana abuhardillada  de esta, viendo como caen las gotas de lluvia, pequeñas y vulnerables pero que se hacen oir al chocar contra el cristal.
Abro la ventana y dejo que el aire fresco de la calle me inunde, mientras a mi olfato llega el olor a mojado, y mis ojos ven las gotitas hacer chorros de agua que caen en forma de goteras al duro asfalto.
La brisa es suave, como cualquier noche de principios de Primavera, y no es noche completa, ya que farolas y edificios hacen de la noche, un día con menos luz de lo habitual, no hay ningún coche en la carretera, ningún ruido fuera de lo habitual, solo el murmullo de la lluvia que cae de un cielo nuboso. 
Y pasa un coche, lentamente, no tiene prisa, es más, parece que como yo, el conductor del vehículo esta disfrutando de esta noche.
Cruzo los brazos y apoyo la cabeza en ellos, miestras mis pies estan apoyados en la silla, tambaleantes y adormezidos, pero  tiesos, ya que ni ellos quieren que me pierda este momento.
Una gota se cuela en mi habitación y se resvala escurridiza por mi nariz, esta fría, me hace cosquillas, pero no me muevo, quiero que siga su trayecto.
Y cuando esta justamente al borde de mi nariz, se desace como si no hubiera existido nunca, dejando una estela fría a lo largo, pero no es un frío molesto, es un frío acojedor, que te invita a abrazarlo, a querer más, y mientras tanto, más gotas de una lluvia que se antoja infinita ante mis ojos cae sin parar.
Bostezo y me voy despidiendo de mi acompañante de noche que ha sido el agua, de mi pequeña vigilante que es la luna, y de mis observadoras las estrellas, mientras miro al cielo me relajo, pensando en que todo es posible.
Y el olor a mojado se va desvaneciendo poco a poco, mi ventana se cierra con un leve crujido, bajo la persiana y dejo de ver a la lluvia, me meto a la cama, aparto el edredón, me acurruco a un lado, haciéndome un buruño y cuando cierro los ojos y dejo de escuchar mis pensamientos , empiezo a oir de nuevo el toc-toc de la lluvia en el cristal.

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