Otro día lluvioso en este mundo gris, donde el sol no calienta, lo sonidos son sordos y nuestra voz es muda.
Camino viendo a la gente pasar, observando los pocos creenciales que les quedan, en eso nos parecemos, ya no queda esperanza para nosotros.
Y sigo caminando, los colores tornan a un sepia claro, mientras cada uno se pierde en su mundo, recordando colores pasados.
Andamos sin rumbo fijo esperando que el camino se termine alguna vez, intentando aguantar unas lágrimas que no mojan.
Cada uno intenta entonar su canción favorita, intentando sonarr alegres, pero lo único que sale son sollozos aguantados que buscan un hombro sobre el que llorar, y siguen caminando.
Siguen caminando por este mundo de colores sepia, sin voz, sin aire, sin lágrimas, sin esperanza, intentando retonar a lo pasado que, aunque era difícil, era feliz, un pasado con color, en el que las canciones sonaban alegres.
Mientras el frío de la lluvia me salpica lloro en silencio, intentando que por fin alguien escuche mi voz.
Esa voz que suena tan ausente, pero que con tanta persistencia pide color, el color de un pasado más feliz.
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